Jorge Tinas.
Asesor Ambiental

 

La situación política internacional y las guerras que estamos sufriendo no solo están provocando miles de muertos e      innumerables  pérdidas económicas y destrozos materiales sino también se está cobrando otra víctima, el medio ambiente. Por eso en esta fecha en la que en todo el mundo se busca una especial atención por los problemas ambientales que aún nos acechan, hay que recordar cómo nació tal celebración y por qué  puede quedar en solo eso.

Si hay una fecha esencial en la historia de las resoluciones de la Asamblea General de la ONU,  es la del 12 de diciembre de 1972 en que se crea el PNUMA (Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente) y se establece el 5 de junio como Día Mundial del medio ambiente. Se elige ese día para celebrar la Conferencia que había tenido lugar en Estocolmo en tal fecha de 1972 y coincidiendo con las conclusiones del famoso informe “Los límites del Crecimiento”, que encargado por el Club de Roma a un equipo de expertos se  publicó ese mismo año. Ese informe se convirtió en la base de los argumentos de los incipientes movimientos ecologistas de los años 70, así como de los ambientalistas, que dieron origen a la  preocupación social por el agotamiento de los recursos naturales, la acumulación de residuos nocivos y la incidencia negativa sobre los ecosistemas.

Todas estas razones llevaron a que  tras esa Conferencia los problemas ambientales pasaron a tener un lugar entre las preocupaciones de la ONU y se inició el debate sobre como el crecimiento económico, la contaminación del aire y de las aguas, así como  la pérdida de biodiversidad  podían influir en el bienestar de la humanidad.

La primera celebración de este día fue en Suiza en 1973 con el lema: “Solo tenemos una Tierra”, a partir de entonces cada año se han ido estableciendo objetivos prioritarios de acción, centrados en los diversos problemas con los que nos enfrentamos. Con estas iniciativas la conciencia social por los  problemas ambientales  ha ido creciendo, siendo hoy reconocidos, así como la necesidad de adoptar medidas globales para resolverlos.

Aunque la ciencia ya venía sugiriendo la importancia de otro problema ambiental global, derivado del aumento del CO2 por las actividades humanas, no se tomó en consideración hasta los años 70 cuando el desarrollo de la tecnología de los satélites meteorológicos permitió hacer mediciones en la atmósfera que mostraban un aumento de la temperatura, valores que se demostraron evidentes a lo largo de una década.

De nuevo Naciones Unidas asumió la necesidad de abordar  el problema y en 1988 se  creó el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, conocido como IPCC, cuyo principal objetivo es proporcionar informes sobre la evolución del cambio climático y sus posibles efectos. Se creó asimismo una Convención Marco (CMNUCC) y en la que se conoció como Cumbre de la Tierra de Rio de Janeiro (1992) se dieron los primeros pasos hacia un régimen mundial de reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) .De manera que en 1997, con el protocolo de Kioto, se acordó la necesidad de  una reducción de al menos el 5% de las emisiones de GEI, en comparación con las de 1990.

Las resoluciones del protocolo no entraron en vigor hasta 2005 y en 2009 fueron ratificadas por 187 países, que acordaron la ya citada reducción de emisiones. Con posterioridad se celebraron varias de las denominadas Conferencias de las Partes (COP) para evaluar el progreso y negociar acuerdos, aunque la primera con pactos universales, jurídicamente  vinculantes, fue la COP-21 en 2015 con los Acuerdos de París.

Aunque el 2015 no esté tan lejano, si parecen haberse olvidado las resoluciones para iniciar el fin de la era del carbono, de manera que el calentamiento global no superara los 2ºC ( preferiblemente 1,5ºC )  respecto a los niveles preindustriales y alcanzar la neutralidad climática para el 2050.  Desde entonces se han ido sucediendo  las diversas   (COPs) en las que lo más destacado ha sido ir comprobando como los compromisos de mitigación no si iban cumpliendo.

En la COP-30 de Brasil, diez años después de París, con la presencia de 198 países, ya sin USA, la mayor constatación ha sido la enorme brecha entre aquel objetivo basado en la ciencia y una  realidad que  confirma  la superación  de  los límites que se habían establecido, de 2ªC.  Las medidas adoptadas para  el abandono de los combustibles fósiles  son muy limitadas, así como  el avance de las energías renovables ,siendo  la producción y el uso de energía los causantes  de más del 75 % de las emisiones de gases de efecto invernadero, de manera que  solo con la descarbonización del sistema energético se podrán alcanzar los  objetivos climáticos.

Ante esta situación  la U.E adoptó una postura de vanguardia con la aprobación del Pacto Verde Europeo, centrado en aspectos  clave para la transición hacia una energía limpia que ayudaran a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y  mejorar la calidad de vida de nuestros ciudadanos. No obstante, cuando habían  empezado a implementarse las mediadas  se inició  la invasión de Ucrania y dada la fuerte dependencia de gran parte de Europa del gas de Rusia y las restricciones establecidas para su uso se  provocó  una gran crisis energética, uno de cuyos efectos negativos ha sido el debilitamiento de  la política de vanguardia de la UE frente al cambio climático.

Aunque la primera respuesta de la UE ante la incertidumbre creada y para fomentar la independencia energética de Europa de los combustibles rusos fue el llamado plan REpowerEU, que consiste en un firme apoyo mediante medidas legales y financieras a las energías renovables ya implantadas (eólica y fotovoltaica), así como el desarrollo de otras menos arraigadas, como el biogás y el biometáno, procedentes del aprovechamiento de los residuos orgánicos. La  realidad es que las necesidades energéticas requerían soluciones urgentes y las alternativas propuestas no son inmediatas, lo que ha determinado la reactivación de las centrales de carbón en Alemania, Polonia y República checa entre otros, provocando un repunte de las emisiones de CO2.

Si el abandono de EEUU de los compromisos de las COPs y su política ambiental de fomento de los combustibles fósiles ya determinaba un claro retroceso de los objetivos globales contra el cambio climático, el inicio de su guerra contra Irán está provocando efectos devastadores de contaminación química  del aire , de las aguas y del suelo en aquella zona de Oriente Medio, además de la emisión de millones de toneladas de CO2 provocadas por los incendios de  instalaciones industriales y petrolíferas, tal como se ha valorado por la OCDE.

Como ya se ha citado, pese a las situaciones desfavorables que se iba encontrando la lucha contra el cambio climático  la UE apostó por el Pacto Verde Europeo como estrategia de crecimiento para lograr la neutralidad climática en 2050. Con un objetivo intermedio de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero en al menos un 55% para 2030, todo ello mediante medidas en energía, industria, agricultura, transporte y finanzas sostenibles. Pero hoy el Pacto Verde Europeo se  enfrenta a un claro deterioro y retroceso. Las presiones inflacionarias, el creciente peso político de sectores conservadores y populistas y las protestas masivas del sector agrario han obligado a las instituciones de la Unión Europea a relajar o retrasar gran parte de sus objetivos climáticos y medioambientales, con un discurso oficial que ha pivotado desde una transformación verde estricta hacia una transición más laxa que prioriza el suministro de hidrocarburos y la viabilidad industrial.

No solo en el ámbito energético se están manifestando esas tibias medidas, por ejemplo en Europa existe un grave problema por la contaminación  de las aguas superficiales y subterráneas por los nitratos procedentes de fuentes agrícolas y ganaderas. Por sus efectos negativos ambientales y contra la salud, se aprobó una Directiva en 1991, para proteger esas aguas. La nueva regulación estableció para aquellas zonas que estaban muy afectadas unos límites anuales del nitrógeno que podría a aplicarse a los cultivos, estableciendo que cada país miembro debía definir las zonas que se denominaban vulnerables al nitrógeno (ZVN). En algunos países, entre ellos España, la situación con respecto a esta contaminación no ha mejorado y solo con mayores restricciones y controles podrá conseguirse resolver un problema de dimensión social relevante  por la grave afección que tiene sobre zonas en las que las aguas de consumo están contaminadas, siendo imposible su uso. No obstante, un nuevo efecto “colateral “de la guerra de Ucrania y del cierre del estrecho de Ormuz ha sido la subida del precio de los fertilizantes. Han sido en este caso las presiones del sector agrario las que han llevado a relajar las restricciones, de la UE, permitiendo  el  uso alternativo de estiércoles como fertilizantes, siendo sabido que en las ZVN su uso debe ser muy restringido y controlado, aumentando por  ello la preocupación de quienes sufren sus aguas contaminadas.

Podemos concluir, que la situación geopolítica en el mundo y la nueva relación de fuerzas políticas en Europa no son favorables a la protección del medio ambiente, siendo difícil llevar a cabo  los cambios sociales que se requieren para modificar las tendencias de deterioro que sufre nuestro planeta, tanto en dimensiones globales como locales, y  para que el 5 de junio no sea más que una fecha inane, usémosla para denunciar cuanto se hace y  no  debería  hacerse.

Madrid, 05-06-206