JORGE TINAS GÁLVEZ.  Exconcejal del Ayto. de Madrid

Madrid, 10-01-2022

 

La lectura de un reciente artículo “Cada uno a su bola “, de Fernando Vallespín, ese profesor conservador, militante del PP, que por su moderación y opiniones es de los que se echan en falta en esta nueva derecha, me ha llevado a pensar cómo lo que él llama filosofía libertaria de Ayuso se ha convertido en base de los principios dominantes en este país.

Es lamentable, pero parece hacerse realidad aquello de que “España es diferente” y no precisamente para lo bueno. Si en una situación tan crítica como la que ha provocado la pandemia, que ha puesto en evidencia las deficiencias del sistema de salud y ha hundido la economía, no es posible la adopción de unas medidas uniformes, a semejanza de lo que están haciendo otros países tan democráticos como el nuestro, ¿qué podemos esperar a la hora de abordar los difíciles retos que se nos avecinan?

En situaciones de desconcierto, como las que vivimos, los  ciudadanos necesitan que sus goberna ntes les den directrices coherentes y estamos viendo cómo ni el Gobierno central, por sus limitaciones, ni los de las Comunidades por su permanente inclinación a hacer prevalecer sus intereses partidistas o la llamada a sus permanentes  peculiaridades identitarias, están mostrando defender uno de los aspectos más esenciales en una sociedad democrática, la seguridad sanitaria. Las decisiones, tras la aparición de la llamada sexta ola,   se están tomando con retraso, falta de previsión y de nuevo desoyendo  las recomendaciones de los más expertos, con una pluralidad de mensajes en ocasiones contradictorios que están llevando al ciudadano al más absoluto desconcierto. Hay que preguntarse por qué no es posible en España la adopción de medidas equivalentes y coordinadas, pese a que las competencias de sanidad estén en las CCAA,, porque en países totalmente federales como Alemania ha sido el Gobierno federal quien ha decidido cuándo y qué hacer en cada momento sin que se haya producido el insólito gallinero que vivimos nosotros.

A la postre los elevados porcentajes de vacunación alcanzados en España están permitiendo, pese al desconcierto citado, que el espectacular crecimiento de los contagiados por la variante ómicron no se esté traduciendo en una nueva crisis sanitaria, pero de nuevo los resultados de la pandemia nos llevan a reflexiones aparentemente alejadas, pero dentro del mismo ámbito político que realmente es la gestión de una crisis como la vivida.

Asumida la necesidad de convivir con el virus y sus consecuencias más o menos controladas, podría pensarse en una nueva etapa política, tras la aprobación de los Presupuestos Generales y el unánime acuerdo de los agentes sociales sobre la reforma laboral. Nueva etapa, en la que los ciudadanos valorarán cómo  han abordado los responsables políticos, desde el gobierno y la oposición,  los  problemas con los que nos hemos enfrentado, porque  los dos hitos citados, más las garantías económicas procedentes de los fondos europeos, deberían llevarnos en este nuevo año a algo diferente, no a más de lo mismo, lamentablemente no parece que así sea.

Sea cual sea la realidad y las evidencias, la posición catastrofista del PP no va a variar y tanto, por la evolución autodestructiva de Ciudadanos, como el creciente extremismo de Vox, no permiten prever un espacio moderado para el conservadurismo español, como el que representaba el autor del artículo origen de esta reflexión. Ante esta situación merece la pena analizar las encuestas, no desde la perspectiva de posibles resultados electorales, sino de las tendencias sociales que se van marcando y al margen de las notables diferencias existentes entre ellas, aparecen algunos elementos comunes que deben ser objeto de análisis por su carácter sorprendente y preocupante, especialmente desde una perspectiva de izquierdas.

La evolución de la economía y el empleo, pese al retraso de la recuperación del PIB, está siendo positiva por el efecto  de los ERTEs, las medidas sociales adoptadas: Salario mínimo, ingreso mínimo vital, pensiones, son indiscutibles. No obstante, al margen de la mayor o menor  valoración que puedan tener en razón de la ideología de cada uno, lo difícilmente asumible es que en las encuestas los estamentos sociales más beneficiados con tales medidas sean enormemente críticos con las medidas del Gobierno. Siendo  aún más preocupante  el crecimiento de Vox, cuyas propuestas sociales y políticas son totalmente regresivas, por no hablar de las soluciones autoritarias que proponen.

A corto plazo nos vamos a enfrentar con unas elecciones autonómicas, que marcarán la realidad de esas tendencias ,pero no cabe la autocomplacencia y la confianza de las medidas adoptadas porque la distorsión de la sociedad occidental que provocó la crisis de 2008, agudizada por la de la pandemia , nos obligan a una reflexión permanente sobre cómo abordar los retos que se presentan en el año nuevo y que no pueden abordarse con más de lo mismo.