ALFREDO LIÉBANA COLLADO.  Profesor

 

Existe un uso y un abuso de los términos populismo y populares en las políticas en el debate público, unas veces por razones míticas y otras por incitación a la confusión. Cabe hacer inicialmente un repaso histórico sobre los usos de los términos populismo y popular:

Haciendo un repaso histórico de algunos ejemplos: En la antigua Roma se usaba SPQR “Senatus PopulusQue Romanus”, en él se basaba la referencia de origen del poder, los actos legales eran consecuencia, el pueblo estaba representado en sus senadores y tribunos. Entre los primeros cristianos se refería a los cristianos frente al infiel que no era considerado parte del pueblo elegido. Por otro lado, en la revolución francesa se incluía a unos grupos sociales, pero se excluía a otros como los aristócratas, y posteriormente a los dirigentes de la Iglesia. En el Siglo XIX el marxismo se refiere con ese término al conjunto de los trabajadores, sobre todo a los industriales. En China ante la carencia de un predominio de este tipo de trabajadores, Mao Tse-tung incluye al campesinado como la base del pueblo. Gramsci en Italia en su análisis de los grupos sociales añade como pueblo a los intelectuales, definiendo el lema “Mundo del Trabajo y de la Cultura”. El Nacionalsocialismo acuña primero el uso de “Pueblo Nacional”, que luego transforma en el “Pueblo de la Raza Aria”. En la Italia mussoliniana incorpora en el término pueblo las raíces del orgullo Imperial Romano. En el franquismo tanto durante la guerra civil, como durante bastante tiempo, el concepto de pueblo tiene que ver con la España eterna, articulada con tintes religiosos e imperiales frente a la anti-España que no era considerado pueblo, nace contradictoriamente como un nacionalismo con un fuerte apoyo fascista extranjero y con fuerzas coloniales. Por el contrario, en la actual democracia española, los constituyentes configuran el gobierno del pueblo en la elaboración de los equilibrios definidos por los constituyentes en la Constitución, que posteriormente son refrendados.

 

Después de esta introducción panorámica, lo que se requiere es definir algo más los términos populismo y popular, huyendo en lo posible de interpretaciones interesadas, por lo que lo mejor es ir a la RAE, donde se indica: “populismo es la tendencia política que pretende atraerse a las clases populares” y popular sería: “perteneciente al pueblo”; “perteneciente o relativo a la parte menos favorecida del pueblo”; “Que es estimado o al menos conocido por el público en general”, entre otras acepciones similares.

Partiendo de lo anterior, al estudiar los populismos, lo vemos criticado como un término negativo, mientras que una política popular es una acepción pretendidamente positiva. No hay que olvidar tampoco que algo que sea popular no tiene porqué ser ni necesariamente verdadero, ni siquiera lo más razonable, existiendo cientos de ejemplos. Pero, ante esto ¿qué partido no pretende atraerse a la mayoría de una sociedad? Concluiríamos por lo tanto, que todos los grupos políticos articulan sus propuestas como populistas para ser populares, pero ¿cuál es la razón del empleo de ese uso tan peyorativo que utilizan unos frente a otros?

El término popular muchas veces es un deseo de consolidar los principios conservadores en amplios sectores de la sociedad, pero curiosamente de forma contradictoria. Así ocurre por ejemplo con la enseñanza y con la sanidad pública.

Si analizamos la historia el populismo aparece especialmente en situaciones de crisis ¿Pero… el populismo en las políticas a aplicar es de izquierdas, o de derechas? Actualmente en la izquierda el concepto de pueblo está variando del concepto antiguo basado en las clases sociales, a otros nuevos de carácter transversal, al incluir en sus movilizaciones a otros movimientos reivindicativos como el ecologismo, feminismo, los derechos de la diversidad sexual, etc…

Actualmente en España los argumentos de la derecha son simples y transversales de carácter simbólico, como lo es la defensa de la bandera española de una forma sobreactuada (para luchar contra la mitología en la izquierda de la bandera republicana, a pesar de que curiosamente la composición del actual escudo que figura en la bandera constitucional fue propuesto por la izquierda, para eliminar el anterior escudo franquista en un intento de consenso social); la cruz que aglutina los sentimientos religiosos de un amplio sector de la sociedad, aunque muchos de esa confesión tengan otras ideas sociales; la familia como unidad básica de convivencia, como si el resto no la tuviera, etc…

En resumen, el populismo intenta aglutinar sentimentalmente a la población, aunque lo que se quiera defender sean los intereses de determinados grupos sociales consolidados y que resultan contradictorios con los intereses reales económica y socialmente de muchos de los que les apoyan. La izquierda por el contrario pretende, aunque no siempre lo consigue, moverse en principio más en el ámbito de la razón y el progreso (términos sin duda muchas veces ambiguos), aunque participa excesivamente de enfoques sentimentales, que sirven para conformar una base social frágil, uno de los fundamentales es que todavía sigue siendo muy fuerte el distanciamiento de la dictadura, ya que en España un sector de la derecha sigue sin terminar de desmarcarse del lastre del franquismo, a diferencia de otros países europeos que han tenido dictaduras, insistiendo muchos de sus dirigentes y de su base social en seguir viendo el franquismo con complacencia, afirmando que sus restos son ya irrelevantes, y que mejor olvidar sin más, siendo la responsable de esa actitud, entre otras, el olvido en los programas escolares de historia en el Bachillerato de una reflexión ecuánime, para lo que se centran muchas veces en épocas no conflictivas para la actualidad.

Al final podríamos concluir que el populismo es una estrategia para alcanzar el poder, no una ideología, por lo tanto, los populismos crecen en las crisis, pero después de alcanzar el poder, suelen convertirse en estructuras similares a las que pretenden sustituir, con la diferencia de que al estar promovidas muchas veces con un fuerte liderazgo carecen de los controles y condicionantes que deberían ejercer los partidos políticos.

Continuará