José Martínez Olivares

Las tesis que nos hablan del fin de la historia pensando que con el triunfo de la democracia liberal y sin nuevos conflictos ideológicos en el futuro acabarían con las problemáticas sociales y económicas, se han demostrado utópicas como lo demuestran la guerra de Ucrania y el conflicto árabe israelí, recrudecido en estos días. Siempre se reproduce la misma historia: el sometimiento de los débiles por los poderosos y la filosofía que sirve para entender el comportamiento humano falla con la política y el poderoso influjo del poder que utiliza todos los medios para el sometimiento y la dominación.

Hay que condenar los excesos del poder y ponerse siempre de parte de las víctimas. Intentar blanquear a los verdugos es tomar partido por sus crímenes. No hay excusas para los victimarios, ni tratar de sacar rédito de sus excesos. Me parece patético el espectáculo de los dirigentes del PP intentando capitalizar el rechazo a las acciones de Hamás y tratando de tibios y equidistantes a los que tratan de condenar los excesos de los dos contendientes. El PP carece de autoridad moral: lleva 70 años el estado de Israel machacando a pueblo palestino y la derecha española JAMÁS ha condenado el genocidio.

 

158 El fin de la historia

 

El materialismo histórico es un sistema filosófico, político y económico, desarrollado por Karl Marx, que, en contra de toda concepción idealista, analiza el desarrollo y evolución de la historia del ser humano, a partir de las condiciones materiales de la misma, estudiando los distintos modos de producción y los cambios que se han producido en la sociedad desde su constitución.

La historia no sigue una curva ascendente, sino que al llegar a un punto vuelve a descender. En «El 18 brumario de Luis Bonaparte» Karl Marx dice que «La historia se repite dos veces, primero como tragedia y después como farsa” Lo estamos viendo en la actualidad con la regresión de las ideas bárbaras que tratan de asustar con los mismos tópicos y lugares comunes de siempre: disolución, fin de la unidad de España como nación, pérdida de la libertad, gobierno frankesteín, concesiones espúreas a los nacionalistas…etc, etc, etc. Ya es un soniquete al que solo falta ponerle música. En este caso la historia es imposible que se repita puesto que todo lo vaticinado con anterioridad, no ha sucedido y todo son supuestos que parten de las ensoñaciones soberanistas.

Según Hegel, la historia es el juego de una dialéctica que utiliza la Razón para realizarse, es decir, la historia según Hegel es un proceso de autorrealización de la Idea, cuyo fin es la libertad humana. Interpretaciones contemporáneas de Hegel ya distinguen claramente la utilización de este término por parte de este pensador alemán, del uso que posteriormente hacen de él Kojève y Fukuyama. En esta perspectiva, el « fin de la historia » estaría, en el caso de Hegel, presente en cada instante del proceso histórico, y el cual no tendría él mismo un término final o punto de cierre. Las interpretaciones en relación con el sentido de esa expresión, por cierto, divergen muy fuertemente de uno a otro caso, y por tanto el debate está lejos de quedar zanjado. Hay autores que dicen que el fin de la historia es como la parusía del espíritu. El «fin de la historia» es un concepto que ha sido discutido en la filosofía, la política y la teoría social. Una de las interpretaciones más conocidas del «fin de la historia» proviene del filósofo y politólogo estadounidense Francis Fukuyama. En su libro «El fin de la historia y el último hombre» (1992), Fukuyama argumenta que con el colapso del comunismo y la Guerra Fría, la democracia liberal había triunfado y que este momento marcaba el «fin de la historia» en el sentido de que no habría un conflicto ideológico fundamental futuro. Según Fukuyama, las democracias liberales representaban la culminación de la evolución política y social.

Sin embargo, es importante destacar que el concepto de «fin de la historia» ha sido objeto de debate y crítica por parte de otros pensadores y teóricos. Algunos argumentan que las tensiones y los desafíos en el mundo contemporáneo, como los conflictos regionales, las desigualdades económicas y los problemas ambientales, demuestran que no hemos llegado al «fin de la historia» en el sentido de que todavía existen cuestiones y desafíos significativos por resolver.

Para Fukuyama el fin de la historia se produce tras la caída del muro de Berlín pero hay otros muchos muros que derribar como el de la frontera norteamericana y Méjico y el que separa del mundo a Gaza, y otros muros ideológicos que separan a los hombres y mujeres de este mundo.